viernes, 10 de enero de 2014

sábado, 6 de abril de 2013

LUCIA Y EL MAR.

Estoy viva!
Leo todo lo que hace tiempo escribir, tanto dolor…  ahora casi no me reconozco en esas letras. Han pasa tantas cosas nueva en mi vida que no soy  la misma Lucia, ahora ya mi alma no esta rota,  la cosí con un hilo muy fuerte. Ahora vivo para mi y mis hijos  pero con otro sol y otras ilusiones… hoy me siento llena de vida y sin miedos. Él enemigo sigue aún  rondando en  mi vida, pero ya no le tengo miedo porque sigo viva!!!
Y eso es mucho para mí...


lunes, 11 de julio de 2011

MAÑANA....


Triste camina su cotidianidad,

Pensativa y triste

Cansada y triste,

Harta y triste, Lucía.

Odiando lo que no tiene caso odiar,

¿Dónde pone su aliento el consuelo cuando ella está triste?

Después de tanto tiempo llora Lucía

Con agua que lava esa pena

Y muchísimas otras mas

Acumuladas a la espera de brotar

En forma de agua salada.

El precio del pretexto es caro, duele la herida.el tanto tiempo llora Lucnormalidadar aguas volverodiar

Con dolor anda las calles, los rezos, las cosas,

El trabajo, la lectura y la comida.

Es difícil concentrarse

Aunque sabe que las aguas volverán a calmarse

Y el mundo tomará de nuevo su curso,

El reloj marcará las horas como siempre sin cesar

Sin en dolor de la espera con la desazón de una ausencia más

Todo intenta volver a la normalidad

Mañana todo irá mejor
ya seguirá caminado y viviendo
sólo porque así lo dicta el mundo; triste Lucía

sábado, 26 de julio de 2008

este es mi nuevo correo el otro se perdio

lunes, 13 de agosto de 2007

Cuando la muerte me llegue....

El día que me muera esperaré a la muerte sentado en una silla, frente a mí una pequeña mesa con mantel sostendrá dos copas de vino tinto y, mientras comienzan a sonar los primeros acordes de una antigua canción, encenderé mi último cigarrillo. Es posible que yo vista un traje de chaqueta, con el riguroso negro del difunto, y que mientras observo ascender las volutas de humo vaya quemando uno a uno mis recuerdos.

No la escucharé entrar, pero sé que llegará puntual, sorprendiéndome con la blancura de su cara, la profundidad de sus ojos negros y la sonrisa inerte de su boca, tras descorrer la silla e invitarla a sentarse la obsequiaré con una bonita rosa; la que espero que arroje en mi funeral.
La muerte y yo compartiremos una exquisita charla, hablando de la vida a sus espaldas, burlándonos de esa pobre jugadora que volvió a perder otra ficha en la partida, y mientras enumeramos sus triunfos rellenaré de nuevo su copa. Sé que bajaran las voces, y cuando lo hagan me atreveré a preguntarle por sus desdichas, provocando con ello el triste lamento de una vieja que no sabe ni de esperanzas ni de principios, de improvisaciones o de abrazos, participando yo de su pena por una existencia de monótona inmortalidad y eterna soledad; quizás entonces quiera llorar un poco, quizás tenga que enseñarla. Esperaré a que el alcohol y la complicidad comiencen a confundirla para pedirle que me conceda un baile.

Así en el centro de la sala, ambos de negro y ambos sin pulso, danzaremos como dos viejos amantes, entrelazadas las manos y libres los pies daremos vueltas y vueltas mareando a la razón, de tal forma que cuando el réquiem final llegue a su punto más alto ose besar sus labios Ebria de amor y ebria de vino, ya seducida por el beso pasional del condenado, caerá vulnerable entre mis brazos, y yo, como elegante caballero, la tumbaré en el suelo y le desgarraré el vestido. Renacerá así la carne y se encenderá la hoguera donde habré de quemar mi redención, la piel se abrirá sedienta de tacto y reclamará el placer prometido. Con la valentía del enamorado entraré en su cuerpo para liberar al deseo, abriré la puerta a la locura que me guiará a través de sus curvas, sus líneas rectas y me dejará solitario ante la cavidad de entre sus piernas. Solo entonces se apagará la última vela, sonará la última nota de la canción y se caerán los romanticismos dando paso al sexo más eterno y más macabro, al más terminal y placentero, el empuje más primario, al más animal e instintivo, a la posesión del cuerpo y la condenación del alma.

A mí la muerte me cogerá tocando el cielo, sumido en un orgasmo de cementerio, en el que la vida sale de mi cuerpo para entrar en el de ella, gimiendo por última vez como hombre para caer, como cadáver, aún caliente sobre su cuerpo.
Sí, yo amaré la muerte, y la amaré de la misma forma que amé la vida.

viernes, 10 de agosto de 2007

Bienvenidos a todos, y gracias por vistitarme.

Lucia M.